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viernes, 10 de mayo de 2013

Las malas dentaduras que libran de la cárcel

De tres a seis años de prisión. Esa es la pena que la legislación española establece, con carácter general, para quienes sean condenados por haberle roto a otro uno o más dientes en una agresión. Los dientes son considerados miembros corporales y su pérdida o deformidad se acoge, a efectos judiciales, al artículo 150 del Código Penal: «El que causare a otro la pérdida o la inutilidad de un órgano o miembro no principal, o la deformidad, será castigado con la pena de prisión de tres a seis años».



Lo curioso es que la jurisprudencia ha ido modulando la aplicación de este precepto. Y, en la modulación, uno de los factores decisivos es si la víctima tiene una buena o mala dentadura. Porque, penalmente, no es lo mismo.

En los juicios por agresión en los que ha concurrido la pérdida de dientes es uno de los aspectos en los que más inciden los abogados defensores, conscientes de que, si se demuestra que la víctima tenía una salud dental, su cliente en vez de ir a la cárcel puede quedar libre con una pena menor de prisión y eludir su entrada en presidio. Hay que tener en cuenta que las penas de prisión de menos de dos años son susceptibles de no requerir la entrada en la cárcel del condenado.

En Zaragoza, estos días, se da un caso que ejemplifica todo esto. Un hombre ha sido juzgado por agredir a otro y romperle tres dientes durante una pelea ocurrida en Ejea de los Caballeros en enero del año pasado. El fiscal pide para él tres años de prisión, pero el abogado defensor reclama que sea absuelto porque entiende que hay serias dudas de que los dientes se le cayeran como consecuencia de la patada que le propinó o por una mala salud dental previa que le hizo perder fuerza a la dentadura.

Aunque pueda parecerlo, el caso no es anecdótico. En los juzgados españoles, no escasean los procesos penales que se han seguido por agresiones con pérdidas de dientes en las que entra en juego esta cuestión.

Es uno de los factores que decide si se considera más o menos grave una agresión que haya provocado la rotura de piezas dentales. Otras son, por ejemplo, que las heridas sufridas en la dentadura y en la boca hayan sido más o menos extensas; que sea más o menos reparables los dientes, o su sustitución por implantes; o la mayor o menor violencia empleada en la agresión.

A veces no sirve de atenuante

Aún así, tampoco faltan los casos en los que, pese a quedar probado que la víctima tenía problemas dentales previos, no ha valido como atenuante. Así ocurrió en febrero de 2011 con una sentencia del Supremo que ratificó la que previamente había dictado la Audiencia de Granada por una agresión ocurrida en el partido judicial de Motril en 2006. El acusado fue condenado a tres años y seis meses de prisión por haberle roto cuatro dientes al que agredió. El abogado defensor alegó que, de esos cuatro dientes, tres estaban previamente dañados y la víctima, de hecho, con anterioridad había ido al dentista para que se los reconstruyera. Pero el Supremo ratificó la sentencia de la Audiencia de Granada, que había llegado a una directa conclusión: había tres dientes debilitados, pero uno que tenía sano también saltó por la agresión, así que si los otros se rompieron no fue necesariamente porque estaban previamente afectados, sino por la fuerza empleada por el atacante.

En cualquier caso, la buena o mala dentadura de la víctima puede convertirse en cuestión clave para que el acusado de un proceso de este tipo acabe en prisión o no. El meollo está en lo siguiente: en dilucidar si se le aplica el artículo 150 del Código Penal (de tres a seis años de prisión) o el menos severo artículo 147 (prisión de seis meses a tres años). Ahora bien, agredir a otro y romperle dientes siempre será juzgado como delito, no como falta.

Fuente: abc.es

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