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martes, 23 de abril de 2013

Introducción a la Odontología Forense

Desde el punto de vista estrictamente académico, la odontología forense podría definirse como el área de la odontología que tiene como misión auxiliar a la administración de justicia en sus labores. Sería la aplicación de la odontología en auxilio del derecho. Se diferenciaría así de la odontología legal, que se ocuparía de la regulación del ejercicio profesional de la odontología en todas sus vertientes (requisitos académicos, requisitos administrativos, derechos y obligaciones, espera). Se trataría de la aplicación del derecho a la práctica profesional de la odontología.



Esta diferenciación académica entre odontología legal y odontología forense no es tan evidente en la realidad. Con frecuencia se nos solicita asesorar a un juez o tribunal sobre si el comportamiento de un profesional se ajusta a los requisitos mínimos (técnicos y/o administrativos) que debe cumplir. Y ello abarcaría las dos antes descritas.

Dejando de lado esta diferenciación académica, lo que habitualmente se entiende por odontología forense (modificando la definición clásica de Krogman e Iscan sería "la reconstrucción de la biografía biológica antemortem, incluyendo el intento de reconstrucción de la forma de vida de la víctima hasta el momento de su muerte, a través del estudio de los dientes y resto de estructuras del aparato estomatognático".

Efectivamente, la odontología forense tiene por misión determinar a través del estudio del aparato estomatognático la mayor cantidad de información posible sobre las características físicas, edad, hábitos y actividades del individuo o individuos en cuestión. En caso de que trabajemos con restos humanos, a esto habría que añadir la identificación de los mismos y la aproximación al mecanismo y momento de su muerte.

Otro concepto que con frecuencia induce a confusión con el de odontología forense, es el de criminalística (en especial cuando se refiere a indicios procedentes del aparato estomatognático). Aunque la propia definición de criminalística es controvertida, la mayoría de los autores coinciden en que es la disciplina que estudia los indicios y evidencias que rodean la perpetración de un delito. Esto implica el estudio de la escena en la que ocurrió dicho delito, la localización y recogida de los indicios, su adecuada custodia, los estudios de laboratorio necesarios (que pueden ser de múltiples tipos) y la asociación de los resultados con el resto de la investigación criminal. Muchos de estos pasos son comunes con los efectuados por los odontólogos forenses.

¿De qué se ocupan los odontólogos forenses?

Algunos de los problemas clásicos más importantes planteados a los odontólogos forenses son:

1. Determinación de la identidad de restos óseos humanos (tanto si aparecen aislados como colectivamente en el seno de una catástrofe de masas). Y en caso de que esta identificación no sea posible, la determinación del mayor número de datos antropológicos y culturales (sexo, edad, grupo racial, tipo de dieta, etc.). Merecen una especial atención las técnicas de imagen aplicadas a la identificación en las que la anatomía del macizo facial (incluyendo determinaciones cefalométricas) es fundamental. Estas técnicas, en constante evolución, permiten la reconstrucción de los rasgos faciales de un individuo en función de la edad y el índice de masa corporal que tenía en el momento de su muerte. También las técnicas de superposición cráneo-fotográficas, asociadas a programas de tratamiento de imagen, permiten una aproximación a la identificación de un sujeto partiendo de sus restos y fotografías previas.

2. Determinación del mecanismo y circunstancias que rodearon la muerte del sujeto. Con frecuencia el mecanismo causal de una muerte violenta deja huellas en el aparato estomatognático, y particularmente en los dientes. Estos datos, junto con otros referidos a otras partes del cuerpo, en ocasiones nos permiten describir cómo murió el sujeto, dónde lo hizo y cuánto tiempo ha transcurrido desde entonces.

3. Determinación del mecanismo lesional en caso de agresiones, abusos, malos tratos o accidentes. Los odontólogos forenses no sólo trabajan con cadáveres. El estudio de la marca de una mordedura o la antigüedad de una fractura dentaria o su forma, pueden ayudar a determinar quién fue el autor de una agresión y la forma en la que actuó. En otras ocasiones el estudio lesional se hace para determinar el resarcimiento económico correspondiente (como puede ser el caso de los accidentes de circulación).

4. Determinación de la edad de individuos vivos no identificables. Es éste un problema forense muy importante en los últimos años. La llegada de inmigrantes indocumentados en situación irregular y la protección que nuestro sistema jurídico otorga a los menores de edad, hace que los menores inmigrantes con frecuencia no sean expulsados y entren en diversas instituciones de acogida. El problema estriba en la imposibilidad de conocer la edad real de muchos de estos individuos. En otras ocasiones es la comisión de delitos por individuos no identificables (habitualmente también por su situación de estancia irregular) la que hace que sea fundamental determinar su mayoría de edad, o no, ya que de ello dependerán las posibles repercusiones penales.

5. Identificación, recogida y estudio macroscópico de los indicios criminales relacionados con el aparato estomatognático (terreno común con la criminalística, como vimos). Aquí incluiríamos el estudio de las huellas labiales (queiloscopia), mordeduras y recogida de muestras como la saliva o tejidos que permitan realizar estudios biológicos o determinación de tóxicos.

6. Estudios de laboratorio de muestras biológicas procedentes del aparato estomatognático. Este terreno, también común con la biología forense y la criminalística, se ocuparía del estudio de restos tisulares bucales y de restos de saliva para realizar determinaciones genéticas o niveles de venenos o tóxicos corporales.

7. Estudio de restos históricos. Aunque no es una actividad estrictamente incluida en la odontología forense, ya que una antigüedad de los restos superior a 20 años suele eliminar las repercusiones judiciales, con frecuencia se solicita a los odontólogos forenses ayuda en la investigación de restos antiguos. La antigüedad de estos restos puede variar extraordinariamente, en función de la experiencia de la Escuela de Medicina Legal, donde hemos estudiado desde restos paleontológicos hasta restos procedentes de las exhumaciones relacionadas con crímenes cometidos durante la Guerra Civil española. En otras ocasiones, se nos solicita una identificación (o al menos una aproximación a la misma) de los supuestos restos de personajes históricos o eclesiásticos. En otras ocasiones se nos pide determinar las características de una población antigua mediante el estudio de los restos procedentes de sus necrópolis. Es importante destacar que la resistencia de los dientes y de algunas otras estructuras estomatognáticas hace que la proporción de éstos aumente según aumenta la antigüedad de la población estudiada. Por ello, una gran parte de los restos paleontológicos son dientes o fragmentos mandibulares.

8. Estudios sobre responsabilidad profesional odontológica. Se trata de un terreno "fronterizo" entre la odontología legal y la odontología forense ya que esta actividad implica, por un lado, el estudio del cumplimiento de las normas y protocolos por parte del profesional, y por otro, la valoración y cuantificación de las secuelas a las que hubiese dado lugar la inadecuada praxis profesional.

¿Por qué es importante la odontología forense?

Desde antiguo, como luego veremos, el estudio de los dientes ha tenido una especial importancia dentro del ámbito de las ciencias forenses. Este hecho es debido a una serie de características específicas del aparato estomatognático, y en especial de los dientes. Entre ellas podemos destacar:

1. Gran resistencia al efecto de agentes externos y al paso del tiempo. Los dientes son las estructuras más resistentes del organismo. Ello se debe, por un lado, a sus características histológicas. El esmalte y la dentina son, por ese orden, los tejidos con mayor contenido mineral del organismo, y por tanto los más duros. Otro factor que contribuye a su conservación es la protección que los tejidos blandos peridentarios les ofrecen. Los dientes están protegidos por los labios, carrillos, lengua, etc., y, además, están inmersos en un medio húmedo. Los tejidos blandos amortiguan las agresiones mecánicas, y el medio húmedo, la saliva, amortigua el efecto del fuego (en especial cuando, como suele ser habitual, actúa de forma intensa y corta). Prueba de la gran resistencia de estas estructuras es que cuando aumenta la antigüedad de la muestra (restos paleontológicos o prehistóricos) o cuando ésta ha sufrido el efecto de agentes externos (como el fuego), la proporción e importancia de los restos dentarios aumenta. En contraposición, una de las características biológicas clásicas en identificación, las huellas dactilares, se pierden rápidamente por la acción de agentes externos o el inicio de los fenómenos de putrefacción.

2. Alto grado de individualidad y gran precisión. Los dientes y maxilares son estructuras capaces de diferenciar a un individuo de otros. El patrón oclusal, la morfología dentaria y la colocación de los dientes en la arcada tienen un patrón lo suficientemente individual para permitir identificar a un sujeto. Si a ello le añadimos los posibles trabajos odontológicos existentes (en especial los de odontología conservadora y prótesis) y otros rasgos adquiridos como fracturas dentarias previas, las posibilidades de identificación aumentan exponencialmente.

3. Existencia de registros previos. Existen muchas características antropológicas que tienen la suficiente individualidad como para identificar a un sujeto, como por ejemplo la morfología de los senos frontales. Lo realmente difícil es disponer de registros previos estandarizados que nos permitan comparar los datos antemortem con los datos postmortem. Lo habitual en las poblaciones de nuestro entorno sociocultural es que la gran mayoría de los individuos hayan pasado por centros odontológicos y que por tanto dispongan de su correspondiente ficha dental. Ante la suposición de que unos restos pertenecen a un individuo desaparecido (del que disponemos con frecuencia de su ficha dental) la comparación de los registros antemortem y la ficha postmortem es relativamente sencilla. Esto se hace, muy frecuentemente, en las grandes catástrofes en las que se dispone (o al menos se supone) de la presunta identidad de las víctimas.

4. Metodología sencilla, rápida y económica. En comparación con otras metodologías utilizadas en identificación (estudio de marcadores biológicos, estudios genéticos, etc.), los medios materiales necesarios para realizar un estudio de investigación dental son fáciles de obtener. Además los resultados son muy rápidos en comparación con estudios que requieren técnicas de laboratorio. Este hecho constituye una ventaja fundamental cuando existe gran premura en la identificación (o al menos en la asignación provisional de la misma) como ocurre en las catástrofes de masas.

5. Posibilidad de obtener material genético bien conservado. Los dientes, además de la importancia que su morfología y colocación tienen en la odontología forense, poseen otra peculiaridad que los hace importantes: la posibilidad de obtener material genético preservado. El material genético se deteriora y contamina con el paso del tiempo, la actuación de agentes externos y la manipulación. Una fuente excelente de material genético es la pulpa dentaria ya que la propia estructura del diente, dentro de unos límites, contribuye a su conservación.

Una aproximación a la historia de la odontología forense

La utilización de los dientes como forma de confirmar la identidad de un sujeto ha sido muy frecuente a lo largo de la historia.

El primer caso recogido es la identificación de la cabeza de Lolia Paulina por Agripina que había ordenado su muerte. Ante el deterioro de sus rasgos debido a la violencia de su muerte y al paso de los días, la existencia de un incisivo roto confirmó a la inductora del crimen la identidad y su víctima.

Existen otros muchos casos, aunque mención especial merece la identificación de Joseph Warren por su dentista (Paul Revere) basándose en una prótesis dental que éste le había realizado.

Sin duda, la odontología forense moderna comienza en 1898 con el libro L´art dentaire en médecine légale, de Óscar Amoedo. Este libro se basa en los trabajos de identificación que algunos de los más prestigiosos dentistas de París realizaron a raíz del incendio del Bazar de la Caridad en 1897.

A partir de esa época, los trabajos sobre odontología forense se multiplicaron en todo el mundo hasta situar a esta disciplina en un lugar preeminente dentro de las ciencias forenses.

Fuente: gacetadental.com

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