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lunes, 22 de abril de 2013

Fue a sacarse una muela y terminó entrando al quirófano

Marisol fue a ver a su odontóloga para que le extrajera una muela. Pero la adolescente de 17 años no imaginó que todo terminaría tan mal. Y es que la aguja con la que la profesional le aplicaba la anestesia se quebró y quedó incrustada en su maxilar inferior. Como consecuencia de ello, la chica tuvo que ser intervenida y Sonia Bruzera, su madre, denunció que a raíz de “la compleja intervención” su hija corrió el riesgo de sufrir una parálisis facial.



Todo empezó el miércoles último, cuando la joven fue a realizarse una práctica que, si bien le causaba algún temor, no pensó que demandaría más de un rato. Sin embargo, todo se complicó luego del pinchazo con el que Florencia Bianchi, su odontóloga, le pasaba la anestesia.

“La aguja quedó trabada en el hueso, entonces la odontóloga dijo que la llevaría a la facultad de Odontología donde iban a resolver el problema, pero en ese lugar dieron la orden de que nadie extrajera la aguja porque era una operación compleja”, contó la madre.

Sin embargo, al ser consultado Ricardo Miguel, secretario académico de la facultad de Odontología de la UNLP, acerca del caso, afirmó: “No tenemos conocimiento de que alguien haya pedido esa intervención. Cuando se da un caso así hay que sacar la aguja porque se desplazan por el organismo”.

Con gran preocupación, la familia decidió consultar a un pediatra que les sugirió que la trasladaran a un hospital.

Luego de llevar a su hija al Hospital Italiano, Bruzera indicó que “los médicos diagnosticaron que la aguja se encontraba en el tejido facial y que al intentar extraerle ese cuerpo extraño, Marisol corría peligro de que le tocaran algún nervio y eso limitara los movimientos normales de su rostro”.

“Me hablaron de los pros y los contras de intervenirla, me dijeron que podía quedar con la boca torcida, pero que si no la operaban corría el riesgo de que la aguja terminara en el cerebro”, dijo la madre.

Finalmente el jueves, luego de pasar dos horas en el quirófano, los médicos extrajeron la aguja que, según contó la madre, “en ese momento ya estaba a la altura de la oreja”.

Sonia Bruzera señaló que si bien las prácticas a las que fue sometida su hija tuvieron la cobertura de IOMA, esperaba que la odontóloga “pagara los honorarios de los médicos que la obra social no cubrió”.

En relación a los hechos, la odontóloga Bianchi dijo: “La trasladé a la facultad de Odontología para que alguien del equipo de Alfredo Ricchiardi, titular de la cátedra de Cirugía le extrajera la aguja, pero la madre se negó. En 12 años de ejercicio de la profesión es la primera vez que me pasa algo así. Quiero saber si se debió a una falla de fabricación de la aguja o la paciente se movió y eso causó el accidente”, dijo Bianchi.

Después de remarcar que la familia de la joven no permitió que se la atendiera en la facultad de Odontología, algo que -dijo- hubiera resuelto la cuestión en horas, la profesional aseguró que su paciente “fue intervenida 27 horas después de que ocurrieron los hechos”.

“Yo actué con responsabilidad, pero la madre me impidió acercarme a Marisol. Los únicos mensajes de texto que recibí fueron los que me preguntaba si yo me iba a hacer cargo de los gastos, cuando sé que todo estuvo cubierto por IOMA”, apuntó la profesional.

Bianchi sostuvo además que cuenta con la documentación firmada por la familia en la que se reconocen los riesgos a los que se exponía la adolescente por las prácticas odontológicas.

Fuente: eldia.com.ar

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