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lunes, 26 de noviembre de 2012

Odontólogos de Colombia piden eliminar el flúor de la sal

La suspensión de la fluorización de la sal: esa es la petición que un grupo de profesionales en salud dental le hizo al ministro de Salud, Alejandro Gaviria, argumentando que ese proceso, en el que los fabricantes le adicionan fluoruro (sales del ácido fluorhídrico) a este ingrediente, es nefasto.



El simposio de Fluoruros y Fluorosis Dental, celebrado recientemente en la Universidad CES de Medellín, actualizó tal reclamo. Los especialistas hablan de que este proceso ha sido el responsable de una epidemia de fluorosis dentaria que fue detectada a principios de los años 90, cuando diferentes estudios clínicos confirmaron su ocurrencia en cerca del 50% de la población infantil colombiana.

Esta epidemia consiste en una “intoxicación sistémica por flúor” en la dentadura. Aunque algunos funcionarios de la salud pública pretenden reducir las implicaciones de la fluorosis a los defectos cosméticos en los dientes, la realidad es que compromete otros tejidos orgánicos, como el óseo y el renal, en una intoxicación sistémica por el exceso de flúor.

La aparición de esta epidemia se dio después de que el gobierno de Belisario Betancur ordenara la fluorización de la sal para combatir la caries dental y otras patologías derivadas de ella. Incluso antes de esto, la enfermedad había sido endémica en algunos municipios porque las aguas de las que se surten sus acueductos contienen altas concentraciones de fluoruros. Ejemplo de ello son Luruaco y Usiacurí (Atlántico), Margarita (Bolívar), San Martín (Cesar), San Juan del Cesar (La Guajira), Arboledas y Salazar (Norte de Santander), Puerto López (Meta), Sepitá (Santander) y, más recientemente, Yondó (Antioquia) y Agua de Dios (Cundinamarca).

Sin embargo, lo que parecía ser una solución que incluso tenía reputación internacional, tuvo efectos secundarios irreversibles. La estabilidad del flúor en la sal de cocina vendida en el país fue evaluada por dos estudios de laboratorio realizados en el Departamento de Odontología de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

En el primero se midió el flúor iónico soluble durante un año y se demostró que la concentración del ion flúor soluble agregado a la sal de cocina aumenta con el tiempo de almacenamiento. Sólo un porcentaje muy reducido de las muestras analizadas (7,78%) estuvo dentro del rango estipulado por el Ministerio de Salud de 180 a 220 ppm (partes por millón). El segundo estudio evaluó la concentración total: se encontró que el 53,33% de las muestras registró una concentración mayor a lo establecido y sólo el 3,11% estuvo dentro de la norma.

La Unión Europea conformó hace dos años un comité científico para evaluar los efectos de la exposición humana al flúor y a los agentes fluorurados del agua potable. En un reporte entregado en mayo de 2011 se concluyó, entre otras cosas, que estar expuesto al flúor sistémico (agua potable, sal de cocina, tabletas y gotas, y suplementos nutritivos administrados por vía digestiva) está evidentemente asociado con el riesgo aumentado de fluorosis ósea (lo que provoca cambios en la estructura de los huesos, haciéndolos extremamente frágiles y quebradizos) y dentaria (una condición irreversible que daña las células formadoras del esmalte, lo que lo hace quebradizo y provoca manchas marrones en los dientes).

Ante esta abrumadora evidencia, el Gobierno debería trabajar en la suspensión de la fluorización de la sal e implementar programas de salud pública basados en el uso racional de otros agentes que contengan flúor. Está en juego la salud oral de la niñez.

Fuente: elespectador.com

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