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miércoles, 21 de noviembre de 2012

El mantenedor de espacio: Técnica preventiva al alcance del estomatólogo general integral

Durante el crecimiento y desarrollo cráneo-facial ocurre un cambio continuo en la dentición del niño, los dientes temporales hacen erupción y con ello estimulan la formación de hueso alveolar; la cantidad de hueso alveolar depende del tamaño, número y posición de los dientes. Los dientes permanentes comienzan aparecer en la boca aproximadamente entre los 6 y 7 años de edad con la erupción de los incisivos y los primeros molares permanentes. En este momento, la cantidad de espacio dentro del cual deben brotar los dientes permanentes queda ya establecida.



Debido a la naturaleza transicional de la dentición del niño, se hace necesaria una vigilancia muy estrecha para intervenir en cuanto se haga aparente cualquier cambio perjudicial, con el objetivo de guiar los dientes hacia su mejor posición posible, y por consiguiente, hacia una oclusión normal.

Es de suma importancia conservar la longitud del arco como premisa preventiva fundamental para evitar maloclusiones futuras que afecten la salud bucal de los pacientes en edades tempranas.

Basados en estos planteamientos, se razonó que si el crecimiento entre las edades de 3 a 13 años se clasificaba en estadios fácilmente visualizables, y si las irregularidades de cada estadio se corregían al aparecer, cuando la dentición permanente estuviera completa también estaría totalmente corregida la maloclusión, con una mecanoterapia más simple y a un costo más bajo en un gran porcentaje de los casos. Naturalmente, tal enfoque presenta muchas ventajas para el paciente, los padres y el profesional.

Es de suma importancia para realizar esta actividad preventiva conocer que en el desarrollo de la dentición y la oclusión, el segundo molar temporal reviste una importancia capital, ya que guía a los primeros molares permanentes hasta su posición.

Es de todos conocido que la dentición temporal fisiológicamente presenta espacios a lo largo de sus arcadas, con el objetivo fundamental de permitir la erupción normal y correcta de la dentición permanente.

Las razones fundamentales para que existan estos espacios son:
  • Atenuar el apiñamiento de los incisivos permanentes cuando hacen erupción.
  • Permitir la erupción no obstaculizada de los caninos permanentes y de los premolares.
  • Permitir el desplazamiento de los molares cuando esto es necesario para que establezca una relación de neutro-oclusión.
Cada diente se mantiene en su correcta relación oclusal por la acción de fuerzas individuales. Si esta relación se altera, el cambio de posición o la impugnación de los dientes ocasiona pérdidas de espacios o cambios de espacios.

La pérdida de espacio más frecuente ocurre generalmente dentro de los 6 meses consecutivos a la pérdida de un diente temporal y puede presentarse en el breve plazo de unos pocos días o semanas.

Existen varias causas que provocan la pérdida de espacio:
  • Pérdida prematura de dientes temporales.
  • Fuerza mesial de erupción de los dientes posteriores.
  • Anquilosis.
  • Ausencias congénitas de dientes, más frecuentes en dientes permanentes.
  • Caries interproximales.
  • Obturaciones defectuosas.
Los dientes tienen una fuerte tendencia a moverse mesialmente, incluso previamente a su erupción en la boca; este fenómeno se ha llamado la "tendencia de empuje mesial".

Si se crea espacio mesial al diente en erupción, bien sea por caries interproximal o por pérdida prematura de un diente temporal, ya no queda resistencia a la migración mesial natural. El diente sucedáneo hace erupción, por lo tanto, en una posición más anterior en la arcada, disminuyendo la longitud de arcada e impidiendo la erupción del segundo premolar.

El estomatólogo general integral (EGI) tiene la responsabilidad de realizar el diagnóstico precoz de estas afecciones y fomentar las acciones encaminadas a prevenir o minimizar los daños que puedan ocurrir.

Una de las técnicas preventivas más importantes son los mantenedores de espacio, que no son más que aditamentos diseñados para cada paciente que impiden el cierre del espacio disponible; pueden ser removibles o fijos y son técnicas fáciles de realizar con la premisa de llevar a cabo un estudio profundo del paciente y la selección más adecuada de la técnica a emplear.

El mantenedor de espacio está indicado generalmente cuando las fuerzas que actúan sobre el diente no están equilibradas y el análisis indica una posible inadecuación de espacio para el diente sucedáneo. El tratamiento oportuno es esencial cuando se pierden prematuramente los dientes temporales, la mayoría de los casos necesitan colocación inmediata del mantenedor de espacio.

Para su aplicación se deben tener en cuenta los requisitos siguientes:
  • Mantener el espacio proximal deseado.
  • No debe interferir en la erupción del diente sucesor permanente.
  • No debe interferir en el diente antagonista.
  • Debe facilitar espacio mesiodistal suficiente para la alineación de dientes permanentes en erupción.
  • No debe interferir en la fonación, masticación o movimiento mandibular funcional.
  • Deben ser de diseño sencillo.
  • Deben ser fáciles de limpiar y conservar.
También presentan contraindicaciones:
  • Cuando no hay hueso alveolar que recubra la corona del diente en erupción y hay suficiente espacio.
  • Cuando el espacio disponible es superior a la dimensión mesiodistal requerida para la erupción.
  • Cuando el sucesor permanente está ausente congénitamente.
En el contexto actual de la estomatología general integral es una realidad que no se están empleando a profundidad estas técnicas preventivas, que de llevarse a cabo, evitarían complejas anomalías para el paciente. Es por esto que nos motivamos a realizar este trabajo en nuestra área de salud.

Fuente: El mantenedor de espacio. Técnica preventiva al alcance del estomatólogo general integral / Dra. Iliana B. Rodríguez Romero, Dr. Jaime Diez Betancourt, Dra. Elena Quintero y Dr. René Céspedes Isasi

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