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lunes, 22 de octubre de 2012

Nueva prueba genética para detectar el riesgo de cáncer bucal

Se ha creado una revolucionaria prueba genética capaz de detectar células cancerosas en pacientes que presentan lesiones bucales de aspecto benigno. El cáncer oral y de faringe constituye la séptima variedad más común de esta enfermedad en Europa y es la novena causa de defunción por la misma. Se calcula que en Europa se produjeron 67 000 casos y 26 000 muertes y existe preocupación por su prevalencia creciente en el este de Europa.



Investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres (Reino Unido) han creado una prueba que podría permitir que los pacientes en riesgo reciban antes tratamiento, mejorando así considerablemente sus probabilidades de supervivencia.

Se considera cáncer oral aquel que se desarrolla en cualquiera de las partes que componen la boca. Ello incluye, pues, los labios, las encías, la lengua, el recubrimiento interior de los pómulos, el paladar y el suelo de la boca. También se denomina cáncer bucal o de la cavidad oral.

El cáncer bucal es uno de los varios tipos que se clasifican como cánceres de la cabeza y el cuello, que con frecuencia reciben un tratamiento similar. Sólo en el Reino Unido se registran 6 200 casos al año de cáncer bucal, cifra que se eleva a medio millón de personas en el cómputo mundial y que podría superar el millón anual de aquí a 2030. La mayoría de los casos se atribuye al consumo de tabaco (fumado o mascado) o de alcohol.

El estudio científico mencionado sacó a relucir que la prueba qMIDS («sistema de diagnóstico por índice de malignidad», o Malignancy Index Diagnostic System) consiguió detectar entre el 91 % y el 94 % de cánceres en más de 350 muestras de tejido de cabeza y cuello procedentes de 299 pacientes de Reino Unido y Noruega. Los resultados se han publicado en la edición digital del International Journal of Cancer.

Las lesiones bucales son muy comunes, pero sólo entre el 5 y el 30 % de ellas devienen en cánceres. Además, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito si se detectan en un estadio inicial. Sin embargo, hasta ahora se carecía de una prueba capaz de predecir con precisión las lesiones que acaban siendo cancerosas.

Actualmente el patrón de oro por lo que se refiere al diagnóstico es el estudio histopatológico. Este tipo de análisis consiste en extraer un tejido por biopsia en el transcurso de una operación que posteriormente es examinado al microscopio por un patólogo. Se trata de un procedimiento relativamente invasivo y la mayoría de los cánceres bucales diagnosticados de este modo se encuentran ya en fases avanzadas, cuando las probabilidades de supervivencia están considerablemente mermadas. Las tasas de supervivencia de los pacientes a quienes se diagnostica la enfermedad en un estado avanzado son bajas, en concreto de cinco años para aproximadamente entre el diez y el treinta por ciento de ellos.

«Se necesita una prueba sensible y capaz de cuantificar el riesgo de cáncer de determinado paciente, que evite tener que esperar a ver su evolución. Si se detecta el cáncer pronto y se administra el tratamiento adecuado, los resultados para los pacientes mejoran considerablemente, disminuye la mortalidad y se reducen los costes a largo plazo para la sanidad pública», explicó el investigador principal e inventor de la prueba, el Dr. Muy-Teck Teh del Instituto de Odontología de la Universidad Queen Mary de Londres.

Básicamente la prueba qMIDS mide los niveles de dieciséis genes, información que se convierte -por medio de un algoritmo de diagnóstico- en un «índice de malignidad» con el que se cuantifica el riesgo de que determinada lesión acabe siendo cancerosa. Según los investigadores, resulta menos invasiva y más rápida que los métodos histopatológicos habituales. Sólo requiere un fragmento de tejido de entre uno y dos milímetros (menos de la mitad de un grano de arroz) y ofrece resultados en menos de tres horas, mientras que la espera con los métodos habituales suele ser de hasta una semana.

El profesor Iain Hutchison, consultor en cirugía oral y maxilofacial, fundador de Saving Faces y coautor del estudio, manifestó su entusiasmo por los resultados y por sus implicaciones para los pacientes. «Estamos emocionados por esta nueva prueba, ya que ahorrará a aquellos pacientes que padecen lesiones inofensivas el tener que someterse al seguimiento habitual y a la ansiedad que éste conlleva, innecesaria en su caso. Además permitirá identificar a los pacientes con riesgo elevado en una etapa temprana para administrarles un tratamiento adecuado. Si el cáncer bucal se detecta pronto, cuando la enfermedad es más receptiva al tratamiento quirúrgico, presenta una tasa de curación muy elevada.»

La Dra. Catherine Harwood, consultora en dermatología y también coautora del estudio, añadió: «Nuestros estudios preliminares han deparado resultados halagüeños que indican que esta prueba podría utilizarse para identificar a los pacientes con lesiones de piel o vulva sospechosas, lo que ofrecerá la oportunidad de administrar tratamientos menos invasivos en un estadio menos avanzado.»

Si bien este estudio de prueba de concepto señala la qMIDS como prueba de diagnóstico válida para la detección temprana del cáncer, es necesario realizar ensayos clínicos complementarios con los que evaluar los beneficios clínicos a largo plazo de esta prueba para los casos de cáncer bucal.

Una vez se desarrolle como corresponda, podría aplicarse también a otros tipos de cáncer, ya que la prueba se basa en un gen del cáncer, FOXM1, que se encuentra sobreexpresado en numerosas variedades de la enfermedad. En el estudio referido, los investigadores emplearon la prueba qMIDS para detectar células cancerosas incipientes en muestras de piel y vulva, y obtuvieron resultados prometedores.

Una investigación anterior a cargo del propio Dr. Teh dedicada a FOXM1 ya le valió el premio «Molécula del Año 2010» de la «Sociedad Internacional de Biología Molecular y Celular y de Protocolos de Investigación sobre Biotecnología» (ISMCBBPR). Aquel trabajo reveló que, cuando FOXM1 se encuentra sobreexpresado, su proteína pierde el control del crecimiento celular, lo que favorece que las células proliferen de manera anómala.

Fuente: cordis.europa.eu

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