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martes, 16 de octubre de 2012

Los blanqueadores dentales pueden pasarle factura a su salud

Algunos dentistas han estado observando los peligros de dos ingredientes que contienen muchos blanqueadores. Buscar una sonrisa perfecta es difícil. La contaminación, algunas comidas o hábitos diarios pueden ser un constante impedimento para conseguir una blancura impoluta. El café, el vino tinto o el tabaco son solo algunos de los productos que pueden oscurecer los dientes, pero también tomar determinados medicamentos, la genética o, simplemente, hacerse mayor.




Por ello, cada vez aparecen más productos blanqueadores o pastas de dientes con esos efectos para una mejor protección aunque, sin embargo, muchos profesionales alertan de los perjuicios de muchos de estos productos, tanto los que habitualmente compramos en supermercados o farmacias como los que usan en salones de estética.

Algunos dentistas han estado observando los peligros de dos ingredientes que contienen muchos blanqueadores, concretamente el dióxido de cloro y el peróxido de hidrógeno. El primero es un conocido desinfectante para el agua de las piscinas y tiene un efecto blanqueador que se basa en ir rascando el esmalte, por lo que su uso prolongado puede destruir el esmalte y producir quemaduras en las encías.

Por lo tanto, los dientes se vuelven crecientemente más sensibles y puede acabar propiciando su caída. Paradójicamente, tras un uso constante durante años, los dientes pueden estar más descoloridos, puesto que una vez que se ha empezado a dañar el esmalte, los dientes están más expuestos a los factores que los ennegrecen.

El otro ingrediente que está llamando la atención a los dentistas es el peróxido de hidrógeno, que se encarga de penetrar el esmalte y oxidar las manchas. Sin embargo, si tiene demasiado contacto con las encías pueden llegar a quemar los tejidos blandos, puesto que la raíz de los dientes puede exponerse demasiado al químico. Además, la sustancia es bastante peligrosa si se ingiere una cantidad importante, y puede dañar la garganta, el estómago y los intestinos. Muchos blanqueadores solo contienen una ínfima proporción de él, puesto que hasta un 1% se considera seguro pero, en cambio, esa proporción tiene un escaso efecto blanqueador.

Por su parte, algunas cremas dentales, que no suelen contener peróxido de hidrógeno, usan sustancias arenosas que son abrasivas para limpiar las manchas. Aunque esto es menos peligroso que los químicos, un uso constante de estos abrasivos acaban dañando el esmalte.

Escoger un blanqueador dental es más complejo de lo que parece. Cada individuo tiene unas necesidades diferentes, por lo que ante un ennegrecimiento de la dentadura, lo recomendable es acudir a un médico especialista que pueda determinar cuál es el principal factor que lo causa.

Antes de actuar con un producto que quizá pueda resultar dañino, es posible que un tratamiento pasivo, modificando ciertos hábitos diarios, pueda suponer un remedio blanqueador.

Fuente: Bang Showbiz

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