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martes, 23 de octubre de 2012

La reivindicación del chicle

Cuando yo era chico, si uno masticaba chicle en el colegio, lo mandaban a la oficina del director. Nos decían que el chicle era malo. Que causaba caries. Pero ahora, al igual que ocurre con el chocolate y el café, se está rehabilitando al chicle.



Resulta ser que el chicle sin azúcar puede de hecho prevenir las caries en los chicos. En lugar de prohibirlo, debiéramos pedirles a los chicos que lo mastiquen en el colegio, para promover la salud de sus dientes.

La boca de los seres humanos es refugio de muchas bacterias. La principal responsable de las caries se llama streptococcus mutans (y está relacionada con las bacterias que causan faringitis).

Cuando las bacterias encuentran azúcar, éste produce ácidos. La saliva neutraliza al ácido, y es por ello que los dientes pueden manejar cierto grado de exposición.

Pero las cantidades grandes de azúcar -como la que está presente en golosinas o bebidas azucaradas- desbordan a la saliva. Una exposición prolongada a ese ácido daña al esmalte protector de los dientes -proceso denominado desmineralización- y esto a la larga causa caries.

El chicle de cualquier tipo aumenta la producción de saliva, y por ende ayuda a neutralizar una mayor cantidad de ácidos. Pero muchos chicles son endulzados con ázucar, algo que aumenta desde ya los niveles de ácido, cancelando efectivamente los beneficios positivos.

Este problema se soluciona reemplazando al azúcar de los chicles por xilitol, un endulzante natural que está presente en frutas y verduas y que tiene menos calorías que el azúcar común.

Más saliva y menos ácido parece hacer que los dientes se remineralicen -esto es, se logra revertir algunas caries-. Pero lo más importante es que masticar chicles de xiliotol inhibe el crecimiento de la bacteria estreptococo, que no puede metabolizar el endulzante.

Cepas de la bacteria menos virulenta desaparecen de los dientes, y este efecto positivo del xilitol dura años. El chicle parece funcionar mejor cuando se lo mastica de forma rutinaria justo antes de que les salgan a los chicos los dientes de adulto, entre los 5 y los 6 años.

Estudios precedentes

Sabemos todo esto desde hace mucho tiempo, sorprendentemente. En los años 80, una prueba al azar de gran calidad que se hizo en Finlandia descubrió que los chicos que masticaban chicles endulzados con xilitol tenían un 60 por ciento menos de caries, en comparación con los que no lo hacían.

Otro estudio que se hizo con chicos de 10 años en Belice, entre 1989 y 1993, mostró un beneficio aún mayor. Se vio que la costumbre de masticar chicles endulzados con xilitol disminuía en hasta un 70 por ciento el riesgo de caries en tanto que un estudio de seguimiento mostró que este beneficio duraba hasta cinco años.

Otros estudios menos definitivos sugieren efectos más positivos que vale la pena mencionar. Como las bacterias estreptococo se transmiten de madre a recién nacido, las mujeres que mastican chicles con xilitol tienen menos probabilidades de transmitir estas bacterias a sus hijos y las caries en estos niños se ven reducidas en hasta un 70 por ciento.

Estudios realizados en guarderías de Finlandia indican que masticar chicles con xilitol reduce también hasta un 40 por ciento las infecciones en oídos infantiles.

Viejos prejuicios

Pero ¿por qué entonces no se han tomado medidas en base a esta información? El Comando de Salud Pública del Ejército de Estados Unidos recomienda a los soldados y sus familias masticar chicle endulzado con xilitol.

Pero sólo las escuelas cuentan con el poder como para hacer realidad esta recomendación, una etapa en la vida de los chicos en la que esto realmente importa en el desarrollo de los dientes. Es posible que los administradores de la escuelas no conozcan la información.

No cabe duda de que después de un siglo de chicles aplastados y pegados al pie de los pupitres, les debe resultar difícil empezar a ver al chicle como una virtud en lugar de como un vicio. Pero necesitan cambiar de opinión ahora.

Alrededor de 17 millones de niños norteamericanos no reciben atención odontológica básica. Se pierden más de 50 millones de horas de clase por problemas dentales, por no mencionar las que se pierden por infecciones en oídos. Esta es una solución sencilla y de bajo costo.

Pero la mejor forma para asegurarse de que todos los chicos saquen provecho del chicle de xilitol es que los mastiquen en el colegio, a partir del jardín de infantes en adelante.

Lo ideal es que los mastiquen entre tres y cinco veces por día, durante cinco minutos cada vez. Esto no sólo va a mejorar su salud y su asistencia a clases sino que es algo que les va a gustar, además.

Traducción: Silvia S. Simonetti

Fuente: clarin.com / Dr. Ezekiel J. Emanuel es oncólogo y vicerrector de la Universidad de Pensilvania, EEUU. 

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