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viernes, 27 de julio de 2012

SALUD BUCAL, ¿UNA UTOPÍA PARA LOS CHILENOS?

Urgente es llenar este vacío que perdura en nuestro sistema y que perjudica a millones de personas.

Escribe: SERGIO CASTRO
Decano Facultad de Odontología
Universidad San Sebastián

La Constitución asegura que la salud es un derecho reconocido para todos los chilenos. Se sostiene que nuestros indicadores se encuentran entre los mejores de Sudamérica y cercanos a los de países desarrollados. Chile ha mostrado una permanente política social y sanitaria que le ha permitido aumentar la cobertura y mostrar indicadores muy satisfactorios, siendo ejemplos los programas de vacunación, de manejo de enfermos crónicos y el Plan Auge o Ges que ha permitido el acceso rápido y expedito a pacientes con patologías prevalentes determinadas por el Ministerio de Salud garantizando explícitamente su resolución, acceso y protección económica. Aquello ha permitido que miles de usuarios de los sistemas público y privado que coexisten en Chile, recuperen su salud.

Sin embargo, lo anterior se aplica parcialmente, pues se ha marginado uno de los aspectos más relevantes, la salud bucal. No está incorporada para todos los segmentos en las garantías GES, está excluida de las Isapres, excepto por convenios de copago para los afiliados y en sistemas cerrados, lo que hace muy difícil mejorar los indicadores de salud oral que siguen exhibiendo una altísima incidencia de caries y enfermedades periodontales. Así, no existen programas amplios y sostenidos de educación en salud bucal, falta acceso a rehabilitación oral completa, hay escasa presencia de odontólogos en el sistema público y, lo que es más grave, no tenemos políticas en esta área que contribuyan a mediano y largo plazo a exhibir indicadores que mejoren la salud oral.

La mala salud bucal repercute en todos los sistemas, ya que la integridad de la cavidad bucal permite una adecuada alimentación, un crecimiento cráneo facial armónico y una socialización adecuada. La falta de dientes significa alteraciones nutricionales severas, disfunciones músculo esqueléticas cérvico faciales y el inmediato daño psicológico, así como la desintegración social de miles de personas en que la falta de piezas dentarias implica un aislamiento permanente de difícil solución por los elevados costos de su rehabilitación bucal.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Una de las principales causas es la escasa sensibilidad de parte de los responsables pretéritos y presentes para establecer políticas de salud no excluyentes, que consideren la salud bucal como un derecho elemental, con amplia cobertura y garantizada para los estratos sociales más bajos.

Este derecho a la salud, consagrado en la carta fundamental, no existe. El usuario del sistema público debe esperar meses para acceder a un tratamiento odontológico parcial, el usuario del sistema privado debe cancelar altos copagos, ya que las isapres no cubren los gastos odontológicos que están marginados tácita e incomprensiblemente.

Los programas que sí existen son para la embarazada, el niño de 6 años, el adulto mayor y la urgencia odontológica ambulatoria, que fueron incorporadas como Plan GES. El resto de la población carece de igual derecho.

Los colegios profesionales, en especial el de Odontólogos, Sociedades Científicas Odontológicas, Facultades de Odontología, nutricionistas y educadores, han solicitado que se enmiende esta errática postura, que permite que la cobertura en salud bucal de los casi 11 millones de beneficiarios del sistema público afiliados a FONASA, sea asequible solo para el 8 ó 9%, implicando que más de 9 millones de personas no reciban atención dental alguna.

La solución más acertada, dado el grado de desarrollo económico alcanzado, además del recurso humano e infraestructura disponibles, es un subsidio a la demanda con protección estatal para los sectores de menores ingresos.

De esta manera la salud bucal empezaría a dejar de ser una utopía.

Surlink

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