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viernes, 6 de julio de 2012

Ortodoncia: ¿Salud o estética?

Un tratamiento caro que algunos se ponen por lograr una sonrisa perfecta, mientras otros lo hacen por necesidad.

Brackets que provocan llagas, ligaduras que saltan, cadenetas, gomas elásticas y minúsculas que presionan para encajar las mandíbulas,... Todo aquel que tenga ortodoncia sabe de qué se está hablando. Un tratamiento con más o menos dolor para lograr una sonrisa de anuncio.

En los últimos tiempos no son pocas las personas adultas que acuden a su dentista para ponerse aparato. Se suele pensar que se utiliza por estética, pero no siempre es así. Otro de los motivos es la salud buco dental, algo a lo que no se le da la importancia necesaria. Muchos pacientes precisan tenerlo durante un tiempo (entre dos y cuatro años está la media) para corregir desde una pequeña imperfección en la dentadura hasta casos más complicados.

A medida que uno va creciendo los maxilares son como arcilla. Aplicando la presión necesaria se consigue modificar en la dirección adecuada los dientes. Para ello se utilizan los brackets (sirven para realizar movimientos poco complejos a nivel dental, como alinearlos) y frenillos (indicados para dirigir o guiar el crecimiento de los huesos de la boca), que cambiarán la forma de la mandíbula. El tratamiento es menos doloroso entre los ocho y catorce años, resulta más fácil modificar los maxilares y dar una nueva forma a la arcada dental.

Tras una sonrisa sin problemas aparentes a la vista se pueden ocultar tres muelas y un colmillo de leche, teniendo un quinto colmillo, el definitivo, aparcado justo detrás del de leche durante tres años –ya quisiera tener tantos un vampiro–. Y a ojos de la radiografía, las encías de la mandíbula inferior chocando unas contra otras pronosticando en un primer momento el ortodoncista de turno que "los premolares –los que tenían que nacer tras quitar los de leche– no saldrían nunca porque estaba envueltos por el nervio". Es el caso de una chica a los 20 años de edad que tras cuatro con la ortodoncia llega al fin de su tratamiento, y con los premolares fuera.

Ponerse aparato de adulto tiene sus ventajas. Según varios odontólogos al tener la mandíbula desarrollada, una vez que finalice el tratamiento los dientes no deberían de moverse (sobre todo si se les hace caso utilizando el retenedor –una funda transparente- por el tiempo que se estime). El inconveniente: el dolor, sobre todo los primeros meses y puntualmente tras algunas de las revisiones, dependiendo de cuántas cosas mueva o no el ortodoncista de su boca. Los alimentos fundamentales serán blandos y líquidos. Los helados también son muy buenos, recomendados por los propios dentistas.

Utilizar un tipo de ortodoncia u otra dependerá del propio paciente ya que varían según el precio. Los ortodoncistas suelen recomendar los fijos que se componen principalmente de alambres y brackets, la parte del aparato fijo que va pegado al diente y donde se introducen dichos alambres. Los brackets metálicos son los convencionales y preferidos por los dentistas ya que aceleran ligeramente el proceso del tratamiento respecto a los casi invisibles, de cerámica. Eso sí, ambos cumplen la misma función, la diferencia está en el tipo de material utilizado puesto que es más costoso, por lo tanto el tratamiento también se encarece.

Existe otro tipo de ortodoncia, la removible. Son aparatos de acrílico que por unos ganchitos metálicos se aguantan en los molares. Sirven para corregir defectos óseos, como el problema de paladar estrecho que nos provoca una mordida cruzada posterior. Están más bien indicados para los pequeños aprovechando su crecimiento, pero algunos arrastran ese problema y de adultos, a pesar de los doloroso que resulta, necesitan utilizarlo. En muchas ocasiones se junta con la ortondoncia convencional, un tratamiento más duro.

Si tiene pensado ponerse aparato valore bien el por qué y si le merece la pena. De la misma forma acuda a varios ortodoncistas para obtener las diferentes opiniones y presupuestos. No son baratos –tirando por lo bajo, entre los 2.000 y 3.500 euros oscila– y dependiendo del caso consta de una duración y dolor diferentes. Un tratamiento cuyo resulta final merece la pena.

Ideal.es

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