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miércoles, 23 de mayo de 2012

Blanqueamiento dental: los tratamientos sin control pueden provocar la pérdida de piezas

Lucir unos dientes sanos, blancos y relucientes supone, en muchas ocasiones, la mejor carta de presentación. Una sonrisa atractiva constituye, además, un recurso social importante. «Seguir diariamente unos correctos hábitos de higiene bucal es fundamental para mantener los dientes blancos», explica el doctor Alejandro Lobo, especialista de las clínicas Milenium Dental de Sanitas.


Sin embargo, existen ocasiones en las que se producen alteraciones en el color de los dientes que interfieren en la estética dental. Para Luis Cabeza Ferrer, odontólogo y presidente de la Asociación Española de Estética Dental, cuando el cambio de tonalidad afecta al exterior del diente «se llaman manchas o tinciones y se adquieren por la acumulación de depósitos sobre la superficie del diente como placa bacteriana, bebidas como el té, refrescos de cola, vino, tabaco, complejos vitamínicos que contengan hierro y la clorhexidrina que origina manchas de color marrón oscuro o negras. Algunos alimentos como las espinacas, las alcachofas, el chocolate, tomate, fresas, zanahorias, carnes rojas, salsas rojas, curry, también pueden manchar los dientes. El tratamiento adecuado es la eliminación de manchas externas en la clínica dental con una limpieza correcta y mantener una buena higiene bucodental diaria».

Mejor, aclaramiento
Seguir esta recomendación no siempre resulta suficiente para presumir de dentadura y, como prueba de ello, el blanqueamiento dental representa, en la actualidad, la práctica más difundida en las clínicas dentales en los últimos diez años, y siete de cada diez intervenciones son de este tipo. Conviene matizar, según Lobo, que esta práctica «debería llamarse aclaramiento dental y no blanqueamiento, ya que lo que hace el tratamiento es devolver al diente su color natural». Si se siguen unos correctos hábitos de cepillado, higiene, y el control de ciertos alimentos y bebidas que pueden alterar el color del diente, el blanqueamiento «puede durar entre cinco y siete años, aunque si el consumo de tabaco, café, té y otros alimentos es muy elevado, los efectos no superarán el año», advierte Lobo.

El peligro del exceso
La obsesión patológica por lucir una sonrisa blanca y radiante ha sido catalogada por los expertos como blancorexia. Con el fin de satisfacer las demandas de este colectivo, han hecho su aparición en el mercado numerosos «kit» de blanqueamiento, cuyo uso indiscriminado y sin supervisión médica puede desencadenar graves problemas de salud bucodental. A este respecto, el doctor Raúl Larraga Ramos, responsable de la Unidad de Prostodoncia del Departamento de Cirugía Oral y Maxilofacial de la Clínica Universidad de Navarra, advierte de que «el uso de sustancias químicas (peróxidos) sin el debido control profesional, puede tener riesgos de irritación de tejidos blandos y de pulpitis. 

En algunos de estos tratamientos se utilizan láseres que pueden ser más agresivos para el diente porque calientan el nervio y esto puede hacer que se pierda la vitalidad del diente y, a la larga, la pérdida de las piezas dentales. El uso de este tipo de tratamientos precisa un estado de salud dental y periodontal bueno, con un control de higiene perfecto».

Muchos de estos productos, además, «no sólo no aclaran el color, sino que son lesivos para los dientes e irritantes para las encías y el estómago», advierte Cabeza. De hecho, Antonio Bowen, odontólogo y vocal de la Sociedad Española de Láser Odontoestomatológico (SELO), sostiene que «todo lo que se comercializa bajo sistemas mágicos, maravillosos y milagrosos de blanqueamiento es absurdo. En Estados Unidos se han llegado a vender «kit» de blanqueamiento con una concentración de peróxido de carbamida del 45 por ciento, cuando la que se emplea en la clínica no supera el 40 por ciento y el tratamiento que se sigue en casa apenas llega al diez por ciento». No obstante, Lobo sostiene que en ningún caso «son tan efectivos como los métodos profesionales porque poseen una menor concentración de peróxidos».

A medida
Para comprender el proceso del blanqueamiento, Bowen explica que «el diente está formado por varias capas, la más exterior corresponde al esmalte, la segunda es la dentina, que es la capa que tiene el color, un tono más amarillento y, finalmente la capa interior donde está el nervio, la pulpa dentaria. El blanqueamiento dental se basa en oxidar la capa de la dentina y el esmalte (unión amelodentinaria) con peróxido de carbamida que va liberando oxígeno. Éste penetra a través del esmalte y, por tanto, lo blanquea». El tratamiento consiste en activación por luz mediante lámparas de fotoactivación. Para no dañar las encías, se coloca una protección alrededor de los dientes. A continuación, se aplica el gel blanqueante y una luz especial que activa el producto. «El tiempo será marcado por el odontólogo e individualizado para cada paciente dependiendo del producto elegido, la concentración, la sensibilidad del paciente durante el tratamiento y otros posibles factores», aclara Lobo.

Láser versus lámparas
A diferencia de los métodos blanqueadores tradicionales como las lámparas, la aplicación del láser en este tipo de procedimientos se ha posicionado como el método estrella de los blanqueamientos dentales. «Al producirse el efecto del láser sobre el diente se genera una bioestimulación en la pulpa dentaria por lo que se revitaliza, se hace más transparente y aumenta el efecto del blanqueamiento. Como la luz del láser es muy rápida, no produce calentamiento y presenta menos efectos patológicos que pueden darse con otro tipo de procesos», sostiene Bowen.

En cualquier caso, el tratamiento que se realiza en la clínica se suele completar en casa. «Se prepara en la clínica dental una prótesis (férula) personalizada de resina blanda, suave y muy cómoda con reservorios especialmente diseñados con la forma de los dientes que se rellenan con el gel aclarante: una solución viscosa de peróxido de carbamida al 10 por ciento a un PH neutro de 6,5 para no irritar las encías y se coloca en la boca preferentemente durante la noche o diariamente entre comidas por un periodo de tiempo limitado y controlado por el odontoestomatólogo», explica Cabeza.

Los efectos de este procedimiento se aprecian, según Cabeza, «en los primeros días, alcanzándose al final de la primera semana del tratamiento un 70 por ciento del aclaramiento dental para dientes oscurecidos por la edad y un 50 por ciento de aclaramiento para otros tipos de causas. La tonalidad alcanzada se estabiliza un mes y medio después de finalizar el tratamiento en los incisivos. En el caso de los caninos, a los tres meses. El cambio medio de color perdido desde la segunda semana de tratamiento hasta los seis meses es del 45 por ciento».

No hay que olvidar que este método no está exento de efectos secundarios. El más habitual es «la sensibilidad dental con carácter temporal», advierte Miguel Ángel Carreño, odontólogo y director de la Clínica dental Miravé. Por ello, «no está recomendado en casos de hipersensibilidad dentaria, si bien este problema se puede tratar con láser y recomendar dentífricos específicos», aclara Bowen. Y añade que «no se aconseja en las tinciones con tetraciclinas, un antibiótico, porque la dentina está muy estropeada y no queda bien». Tampoco debe realizarse, según Lobo, «en embarazadas, periodo de lactancia o menores». Carreño advierte de que su empleo está desaconsejado «en pacientes con empastes que puedan estar filtrados o con caries o aquellas que presenten una expectativas estéticas irreales».

Fuente: larazon.es

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