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sábado, 5 de noviembre de 2011

La importancia del control de las infecciones en odontología

En años recientes se ha desarrollado una gran preocupación por parte de la comunidad odontológica y sus pacientes por la prevención de enfermedades infecto contagiosas, especialmente el SIDA. La posibilidad infecciosa a través de saliva, fluido gingival y sangre hace que tanto el odontólogo como sus pacientes presentes o futuros, consideren al consultorio dental como un lugar en el que potencialmente pudieran estar expuestos a contagios.



El decano del Colegio Odontológico Región Lima, Raúl Botetano Villafuerte refiere que no deben ser situaciones extremas como el SIDA, las que obliguen al odontólogo a tratar de establecer un programa de control infeccioso en su propio consultorio.
Sin evitar la responsabilidad y riesgo que tiene el atender pacientes con SIDA, éstos representan cuantitativamente un riesgo bajo; la mayoría de ellos cuando su enfermedad ha sido declarada o cursan estados avanzados son atendidos en centros especializados.

Según Botetano, la decisión de control infeccioso dental la deberían originar enfermedades más frecuentes en el medio y con posibilidades de ocurrir en la consulta diaria, como los abscesos, infecciones secundarias a procedimientos quirúrgicos y extracciones; enfermedades transmisibles como hepatitis, tuberculosis, faringitis, dermatitis y herpes.

Además, que los procedimientos para el control infeccioso de las entidades anteriores deben ser eficientes para el control del SIDA y de enfermedades de alto potencial infeccioso, ya que éstos deben estructurarse como procedimientos universales de prevención y control infeccioso.

La imagen profesional es otra razón muy importante para establecer programas de prevención contra la infección cruzada, ya que el paciente lo demanda y supervisa cada día con mayor frecuencia. “Establecer procedimientos de control infeccioso, además de una obligación legal y moral, se convertirá en corto plazo en un criterio de selección de servicios profesionales”.

El control infeccioso no sólo beneficia a los pacientes sino a los acompañantes, personal auxiliar, asistentes dentales y al personal profesional. Indirectamente los beneficios se extienden hasta los familiares y contactos personales de quienes laboran y visitan el consultorio. El control de la infección cruzada (diseminación infecciosa o contaminante de una fuente -animada o no- a otra, para contaminarla o infectarla), evita ser contagiado o contagiar.

Los contagios no sólo se dan del contacto directo con una persona con infección aguda (saliva, sangre, partículas del aire), también puede ocurrir a través de vehículos como mobiliario, aditamentos e instrumental dental, ropa, piel, instalaciones físicas, aire, drenaje, sistema hidráulico, etc, por lo que el control infeccioso se debe iniciar en la sala de espera, continuar en el sillón dental y terminar en la puerta del consultorio, con incontables acciones intermedias.

Botetano Villafuerte refirió que la sala de espera debe recibir manejo a nivel de desinfección, ya que en esta se inicia el contacto con los pacientes y es donde en muchos consultorios se aplican los cuestionarios de salud, lo que la convierte en un área de trabajo clínico.

Fuente: Pressperu
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