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miércoles, 13 de julio de 2011

Sobrepoblación de Dentistas en Valencia - España

Entre los cinco millones de parados hay multitud de jóvenes universitarios que nunca debieron titularse en materias sin futuro

En esta nuestra querida y maltratada Comunidad Valenciana sobran dentistas hasta aburrir. No lo digo yo, sino el presidente de Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia, Enrique Llobel, quien no se explica que se sigan llenando las aulas de nuestras universidades de estudiantes que quieren ser dentistas, jóvenes con ilusiones que terminarán en el paro o haciéndose taxistas, como el periodista que conducía el último taxi que tomó para volver a casa.



El mismo Llobel conoce a antiguos compañeros de la Facultad que terminaron lejos de la profesión, uno de ellos ganando en el servicio de limpieza más dinero que un médico adjunto en un hospital público.

Mientras sobran dentistas por estos lares faltan geriatras. Sólo hay 14 para atender, en ambulatorios, centros de salud y hospitales, a los 630.000 mayores de 70 años que viven en el territorio autonómico.


No hay especialidad de geriatría en las universidades valencianas y tampoco se oferta ninguna plaza para la formación de médicos residentes en esta especialidad. Es una situación que no entienden ni el presidente de la Sociedad Valenciana de Geriatría, Juan Ramón Doménech, ni el coordinador del Servicio de Geriatría del Hospital de La Ribera, el doctor Juan Antonio Avellana. 

No sólo estas personalidades exigen un cambio en la atención geriátrica. También el presidente del Consejo Valenciano de Personas Mayores, José Fornés, exigirá a Sanidad una mayor presencia de geriatras para prevenir y tratar los síndromes geriátricos.

Existe el convencimiento generalizado de que ni con el Plan Bolonia van a conseguir las universidades valencianas y las del resto del país adecuar los estudios universitarios a las necesidades sociolaborales del país. Si la inadecuación de los estudios a la realidad social sería una incongruencia en las universidades privadas, en las públicas podría hablarse de malversación de fondos. 

Entre los cinco millones de parados hay multitud de jóvenes universitarios que nunca debieron titularse en materias sin futuro. Incluso podríamos decir que el exceso de estudiantes universitarios llamados al fracaso podría haberse evitado con campañas serias y realistas de dignificación de la Formación Profesional, que haría innecesarios los cursos que las patronales y los sindicatos han venido impartiendo con tanto costo económico como escasa rentabilidad.

La Verdad de España
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